
Fotografía tomada por el fotógrafo y tripulante de la expedición a bordo del “Endurance”, Frank Hurley. Los náufragos en el momento del rescate, al fondo la “Yelcho” comandada por el Piloto Pardo.
En 1916, un grupo de marinos a bordo de la precaria escampavía “Yelcho” comandada por el Piloto Luis Pardo, logró una de las hazañas más recordadas y épicas que recuerde la historia antártica, al lograr rescatar desde la Isla Elefante a Sir Ernest Shackleton y sus hombres, luego de su fallida expedición en el Continente Blanco al naufragar el “Endurance” entre el hielo polar.
La historia comenzó dos años antes, cuando el afamado explorador decidió hacer su mayor aventura; atravesar la Antártica desde el mar de Wedell al mar de Ross, expedición que fracasaría por las duras condiciones climáticas que terminaron por atrapar la embarcación.
Shackleton y su tripulación lograron llegar a la Isla Elefante a bordo de botes salvavidas, donde debieron permanecer más de seis meses, mientras Shackleton hacía numerosos esfuerzos por conseguir ayuda y salvar a sus hombres.
Tras varios intentos de rescate fallidos, Shackleton decide hacer un último intento solicitando a la Armada de Chile poner a disposición alguna embarcación que trajera con vida a la malograda tripulación del “Endurance”.
La institución naval chilena, y con autorización del propio Gobierno, no dudaron en facilitar el rescate, y para ello, se eligió a la escampavía “Yelcho” y al Piloto Pardo como responsables de la incierta misión.
A pesar de que la “Yelcho” era una vieja embarcación que no contaba con calefacción, ni radio ni sistema eléctrico, se confiaba en la experiencia y liderazgo del piloto Luis Pardo y su gente, quienes zarparon desde Punta Arenas el 25 de agosto de 1916 decididos a traer sanos y salvos a los exploradores.
Sorteando el clima y dureza de los canales australes, la “Yelcho”, luego de varios días de navegación, logró divisar a los náufragos, quienes no pudieron contener su alegría y entusiasmo. El rescate estaba a la vista.
Sanos y salvos
EL regreso no fue fácil para la precaria embarcación chilena, sin embargo, la pericia y sabiduría del Piloto Pardo fueron suficientes para traer a su gente y a los 22 exploradores de regreso a casa, donde en Punta Arenas y luego en Valparaíso fueron recibidos por autoridades y la población como se merecían, verdaderos héroes.
La historia que sigue ya es conocida, Shackleton consiguió sobrevivir para contar su experiencia por mucho tiempo más y recibir numerosas distinciones, junto con agradecer al Gobierno de Chile por su colaboración y esfuerzo.
Reconocimiento y humildad
Por su parte, el Piloto Pardo fue ascendido a Piloto Primero (aunque en realidad el ascenso le correspondía por derecho propio, al cumplir los requisitos formales de acuerdo al reglamento institucional), su trabajo fue anotado como nota de mérito especial en su Hoja de Vida, además de figurar en la Orden del día con honor en los buques y reparticiones de la Armada.
Las escasas publicaciones que hablan de la proeza de Pardo y sus hombres, narran que con humildad habría rechazado veinticinco mil libras esterlinas ofrecidas por el gobierno británico, al considerar que solo había cumplido una misión encomendada como marino de Chile.
Luego de servir durante tres años más en la Armada de Chile, el Piloto Luis Pardo Villalón se acogió a retiro en mayo de 1919.
El gobierno chileno de la época, lo nombró Cónsul en Liverpool, y falleció el 21 de febrero de 1935, a los 54 años. @prensaantartica


