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Talleres escolares en la Reserva de Biosfera Cabo de Hornos


Reserva de Biosfera Cabo de Hornos

«El Desarrollo Sustentable es posible donde se enseña», es la premisa que aplican docentes e investigadores junto a los estudiantes en la región Subantártica.

Cuando un niño crece en una ciudad de dos mil habitantes, dejando la bicicleta en el parque sin temer que se la roben, y aprende de sus padres en la casa, de los yaganes en el jardín infantil, de sus profesores en el colegio y de los científicos en el campo, entonces vive en Puerto Williams. La capital de la provincia Antártica tiene méritos para ser única.

Es la ciudad más austral del mundo. Es habitada por Cristina Calderón, la última yagán, junto a otros descendientes de este pueblo canoero, uno que otro extranjero, marinos de paso y ex marinos emprendedores. No tiene réplica geográfica, y participa del selecto grupo de apenas 24 zonas prístinas que van quedando en todo el planeta. Allí es donde científicos y estudiantes de postgrado de las Universidades de Chile, Concepción, Magallanes, Católica de Santiago y North Texas, entre otras, se sumergen a investigar; en el área más extensa de bosques templados de todo el hemisferio sur. Laboratorio natural perfecto, y la mejor sala de clases.

Más allá del paper

Publicar su investigación en revistas reconocidas por Latinoamérica y el mundo, es la estrella perseguida por todo científico. Pero es insuficiente para aquellos que quieren cerrar el círculo compartiendo sus descubrimientos con la comunidad local. Específicamente, con sus niños, que tienen la mayor capacidad de contagio en el hogar. Esos investigadores son los que dan vida al Taller Omora del Medio Ambiente, Actividad Curricular de Libre Elección (ACLE) que se realiza desde el año 2000, en el Liceo Donald McIntyre de Puerto Williams. En él, se les enseña a un promedio anual de 40 estudiantes de 5° a 8°, la diversidad biológica y cultural del lugar que habitan, con el fin de estimular consciencia, responsabilidad, compromiso y amor por su entorno.

Qué y cómo se educa

Cuando las áreas silvestres protegidas corresponden al patio de tu casa, es más fácil comprender que los humanos somos animales conviviendo con otros animales, y que todos en conjunto formamos comunidad. Pero para eso, hay que conocerse.

Eso se logra cuando los especialistas enseñan a los niños las características de las aves, el visón, los insectos, líquenes, musgos, árboles, algas, mariscos y humedales, y las relaciones que hay entre todos, incluyendo al ser humano. Y no desde una sala de clases, sino en el mismo hogar de estas especies, el Parque Etnobotánico Omora, concesión de mil hectáreas de la Umag y la Fundación Omora, ubicada a 5 minutos de Puerto Williams.

Allí, niños y profesores son invitados a observar, detenidamente, a los seres vivos. Porque no es sólo ciencia, sino también consciencia de mirar a los otros como pares, sea mosca, musgo, árbol, agua o persona. Es la ética inspirada en San Francisco de Asís, continuada por otros naturalistas en siglos posteriores, y aplicada por el Programa de Conservación Biocultural Subantártica del Parque Etnobotánico Omora, en todas sus áreas de trabajo.

Abarcando toda la infancia

En total, han sido 12 años de talleres para educación básica, dictados por igual número de especialistas, y financiados, en su mayoría, por el Programa de Difusión de la Ciencia del Instituto de Ecología y Biodiversidad de Chile, con aportes del Fondo de Protección Ambiental (FPA) de la Comisión Nacional del Medioambiente, y del Programa Explora-CONICYT.

De allí y de otras fuentes también han salido los recursos desde 2009, para ampliar la difusión a Enseñanza Media con el taller “Ecoturismo Científico”. Ya son 11 cursos y 10 científicos, cuyo objetivo adicional es introducir a los secundarios, en las bases del conocimiento, para luego perfeccionarse como guías de turismo. La certificación viene de la Universidad de Magallanes, del Liceo y del Instituto de Ecología y Biodiversidad.

Pero un año antes, se integró incluso a los niveles preescolares, con estudiantes de Educación Parvularia de la Umag capacitadas en biodiversidad regional, dictando talleres en los tres jardines infantiles de la comuna. La experiencia ha sido llevada a trabajos de tesis, y a modelos de educación medioambiental inspiradores de programas como “Explorines”, de EXPLORA CONICYT.

Proyecciones

Desde que el taller nació, los estudiantes han llevado su entorno fuera de la isla Navarino, y han vuelto orgullosos. En el Congreso Escolar de Ciencia y Tecnología de Explora-CONICYT, ganaron tres veces el primer lugar regional en la categoría investigación de educación básica (2006, 2009, 2010), y la última vez, también ganaron la versión nacional.

Al mismo tiempo, han visto nuevos futuros, pues despertó el entusiasmo por desarrollar ciencia en algunos, y turismo en otros. Uno de intereses especiales, a escala local, sustentable y con base en el conocimiento, que exige al visitante altos estándares económicos y de conducta, para evitar la masificación que atenta contra su valor. Porque si esta reserva de biosfera se contamina, se acaba todo lo que la hace especial.

La importancia, entonces, es económica, pero con la misma fuerza es ética y estética. Porque ese niño que conoció su entorno como se conoce a un hermano, cuando adulto lo respeta y lo hace respetar, convirtiéndose en un ciudadano que reconoce su origen en la naturaleza y, por lo mismo, sabe que depende de ella. Y así demuestra que crecimiento económico y conservación son posibles, cuando el desarrollo es equitativo y sustentable. Por Paula Viano.

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